Han pasado las municipales, ahora vienen las de verdad, las generales. Sánchez hizo una mala campaña con una epopeya progresiva desorbitada en vez de recordar los logros de su Gobierno, como la reforma laboral, pactada con los sindicatos y la CEOE. Fue absurdo convertir en tótem una deficiente ley de vivienda que responde mal a un problema grave. Y peor aún que la presentaran Bildu y ERC. Todo para enmascarar los errores de una reunión que hizo cosas tan poco meditadas como la ley del ‘solo sí es sí’ que luego -con invectivas de Podemos- hubo que rectificar.

La campaña de Feijóo, derogar el sanchismo y demonizar a Bildu, fue también pobre. Pero gano. Quizás porque conectó con la preocupación de parte del electorado con un Gobierno que en algunos momentos ha parecido dominado por Podemos. Oh qué priorizó la convivencia con Iglesias a los consensos con la media España conservadora.

¿Qué va a pasar? El PSOE perdió siete de las nueve comunidades que gobernaba. Una debacle territorial que ha forzado a Sánchez a convocar elecciones. No tenia otra salida. Pero en el cómputo global el PP ha ganado por un poco más de tres puntos (31,5% a 28,1%) cuando en el 2019 el PSOE ganó por siete. ¿Puede Sánchez dar la vuelta a los resultados? Tres puntos no es el fin del mundo, pero Feijóo sale con moral de ganador y Sánchez, que personalizó la campaña, de perdedor.

Los errores y excesos del Gobierno con Podemos son el pasivo principal del líder socialista. La mayor dificultad del candidato del PP es garantizar un Gobierno moderado si parlamentariamente tiene que depender de Vox

La proyección a unas legislativas de los resultados municipales -ejercicio que dice poco- indica que el PPía ganará con 142 escaños (ahora tiene 89) pero que incluso con Vox no tendrá la mayoría absoluta. Pero unas generales son otra cosa y la única encuesta conocida -la de El Confidencial- indica que el PP tiene 144 escaños y que, sumando los 52 de Vox, la derecha llegaría a 196, 20 más que la absoluta. Mientras el PSOE (93) y Sumar (25) quedarían en 118.

¿Qué pasará el 23J? Creo que a la hora de elegir al futuro presidente los ciudadanos acabarán prefiriendo a quien, por encima de la tension, las descalificaciones, e incluso la ideologia, logre generar más confianza. Sánchez tiene activos -la economía aguanta y su papel en Europa- pero la gesticulación maximalista de Podemos -que ha consentdo o secundado- le ha hecho perder autoridad y parecer poco fiable ante la extrema izquierda que el pasado domingo estrelló en las urnas.

Feijóo se ha negado a obligados pactos de Estado as the Consejo del Poder Judicial y su experiencia en política internacional es limitada, pero en momentos de fuertes incertidumbres gran parte de la ciudadanía prioriza el orden. Y la derecha ya ganó las elecciones de hace dos años en Madrid, las de Castilla y León, las de Andalucía (con la mayoría absoluta PP) y las del pasado domingo. Pero Vox está ahí, el PP puede necesitarla y quiere condicionar a Feijóo. La relación con Abascal es su gran asignación pendiente.

¿Quién sabrá modular más su discurso para generar más confianza? Sanchez ha mostrado agallas al convocar elecciones, pero su discurso del miércoles ante los diputados socialista fue tremendista. A lo Camilo José Cela. No se puede decir que el PP y Vox son lo mismo y calificarlos de «trumpistas». Entre otras cosas porque en Bruselas cada día tiene que pactar con Ursula von der Leyen que es del PPE. Y a estas alturas dividir el mundo entre buenos y malos es tan reduccionista que esta verosimilitud.

noticias relacionadas

Feijóo tiene marca de gestor pragmático (por Galicia), pero acercarse al centro -y liberarse de algunos entornos de extrema derecha-es su gran tarea. Y los pobres resultados del PP en Catalunya y Euskadi están ahí. ¿Pueden ser compensados ​​con una reacción centralista en el restaurante de España? Parece no desearlo porque el miércoles dijo (en Barcelona) que partía con la ventaja de saber que el catalán y el gallego son dos lenguas españolas y que como presidente de Galicia siempre hablaba en gallego. Pero Repito que hay que elegir entra Sánchez o España también suena reduccionista.

Iniciamos la recta final. Quien, sin abdicar de sus ideas, sacudir separarse de los prejuicios ideológicos más primitivos y generar así más confianza será el ganador del 23J. Hay que elegir un presidente que sepa unir, no al líder de una cruzada de media España contra la otra media.