Alexander Stubb (derecha) y Pekka Haavisto, durante el escrutinio, este domingo en Helsinki.KIMMO BRANDT (EFE)

El conservador Alexander Stubb y el ecologista Pekka Haavisto pugnarán las próximas dos semanas por convertirse en el futuro presidente de Finlandia, un cargo que ha ganado relevancia desde la invasión rusa de Ucrania. Los dos candidatos, favoritos durante meses en las encuestas, fueron los más votados en las elecciones de este domingo, marcadas principalmente por la tensión con Moscú. Los finlandeses tendrán que optar entre el ex primer ministro Stubb y Haavisto, miembro de la Liga Verde que concurre como independiente, en la segunda vuelta de las presidenciales, el domingo 11 de febrero.

A diferencia de lo que ocurre en la mayoría de países europeos, el jefe de Estado en Finlandia tiene algunas funciones ejecutivas, limitadas a la política internacional y de seguridad —en coordinación con el Gobierno de turno—, particularmente a cuestiones vinculadas con países no comunitarios, como Rusia, China o Estados Unidos. Además, funge como comandante supremo de las Fuerzas Armadas y representa a Finlandia en las cumbres de la OTAN, organización a la que ingresó el país nórdico el pasado abril.

De los nueve candidatos que competían en la primera vuelta, Stubb (27,2% de los votos) y Haavisto (25,8%) son los que cuentan con más experiencia en política exterior. El líder de Coalición Nacional, de 55 años, fue jefe de Gobierno del país nórdico entre 2014 y 2015, y estuvo al frente de tres ministerios (Asuntos Europeos, Exteriores y Economía). Percibido como un cosmopolita y ferviente europeísta por gran parte de la ciudadanía, Stubb ha tratado de seducir durante la campaña al electorado centrista y ha marcado distancias con la ultraderecha.

Haavisto, por su parte, fue diplomático de la ONU y ministro de Exteriores en el Gobierno encabezado por la socialdemócrata Sanna Marin, entre 2019 y 2023. De 65 años y abiertamente gay, el líder histórico de la Liga Verde se ha presentado en esta ocasión —su tercer intento— como candidato independiente, con el principal objetivo de atraer a su causa a votantes socialdemócratas y de Alianza de la Izquierda.

La frontera con Rusia, de 1.340 kilómetros, ha sido el asunto central en los debates electorales. Desde que Finlandia solicitó formalmente su adhesión a la Alianza Atlántica, Moscú ha amenazado reiteradamente a Helsinki con tomar represalias. Además de numerosos ciberataques de los que las autoridades finlandesas acusan al Kremlin, el Gobierno finlandés culpa al ruso de la llegada de cientos de solicitantes de asilo procedentes de Oriente Próximo y el Cuerno de África, y mantiene cerrados desde mediados de diciembre los ocho puestos fronterizos con su gigantesco vecino, mientras construye una sofisticada valla de cientos de kilómetros. Tanto Stubb como Haavisto han prometido contundencia con Rusia durante la campaña y han garantizado que mantendrán el apoyo militar a Ucrania.

Decepción en la ultraderecha

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La satisfacción con la que recibieron los resultados electorales los equipos de Haavisto y Stubb contrastó con la decepción en la sede del ultraderechista Partido de los Finlandeses, segunda fuerza parlamentaria. Su candidato, Jussi Halla-aho, presidente del Eduskunta (Parlamento), obtuvo el 19% de los votos y quedó lejos de la segunda vuelta, a pesar de que las últimas encuestas apuntaban una clara tendencia al alza que le daba opciones de superar a Haavisto. En cuarta posición quedó Olli Rehn (15,4%), gobernador del Banco de Finlandia y excomisario europeo que se presentaba como independiente.

Stubb o Haavisto sucederán en marzo al conservador Sauli Niinistö, quien en sus 12 años como presidente ha pasado de enorgullecerse de su sintonía con Vladímir Putin a ser uno de los críticos más feroces del mandatario ruso. Niinistö, de 75 años, venció holgadamente en las dos últimas elecciones presidenciales, en las que Haavisto quedó en segunda posición.

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