El 11 de febrero, ¿quién ganará la Super Bowl? Es la pregunta que se hacen millones de seguidores de la NFL y buena parte del país, al ser la final de la liga de fútbol americano de EE UU el espectáculo deportivo cumbre del año, el tercero más visto de la televisión, tras el desfile de Acción de Gracias desde Nueva York y los Oscar. Sin embargo, en este año electoral, en un ambiente ya cargado cuando quedan más de nueve meses para los comicios, no solo el pueblo se hace esa pregunta. Los círculos más cercanos al expresidente Donald Trump también se plantean quién vencerá en el juego y ya dejan entrever que hay todo un amaño por parte del presidente Joe Biden que implica a la propia liga, a uno de sus jugadores estrella y a quien hoy por hoy es la cantante más famosa del mundo: Taylor Swift.

“Me pregunto quién ganará la Super Bowl el próximo mes”, escribía en Twitter, ahora X, el lunes Vivek Ramaswamy, republicano y apoyo absoluto de Trump, que se presentó a los caucus de Iowa hace un par de semanas, pero renunció tras quedar cuarto. “Y me pregunto si habrá un importante respaldo presidencial por parte de una pareja apuntalada culturalmente de forma artificial este otoño”, decía, tirando la piedra y escondiendo la mano, el muy conservador millonario de 37 años.

La pareja a la que se refería en su mensaje es la más perseguida y analizada de los últimos seis meses: la formada por Taylor Swift y la estrella de los Kansas City Chief, Travis Kelce, ambos de 34 años. Empezaron a salir juntos el pasado verano y desde septiembre la intérprete ha acudido a la mayor parte de los partidos del jugador por todo el país. También estuvo el pasado domingo cuando el equipo de Misuri logró el pase a la gran final nacional, la Super Bowl y, ayudada por el cambio horario, también se la espera en Las Vegas el día 11, pese a que tiene un concierto en Tokio apenas un día antes.

Pero en el universo que gira en torno a Trump, tanto el hecho de que los Chiefs alcancen la final (o puedan ganarla) como el de que Swift acuda es todo una manipulación mediática y del entorno de Biden contra el aspirante republicano. Ese entorno ha llegado a dejar caer que Swift es una agente secreta del Pentágono que busca la reelección de Biden y que para tener más poder se ha unido a Kelce.

Él, por su parte, ha participado en campañas junto a Pfizer en pro de la vacunación contra la covid, algo poco común en la, a menudo, conservadora liga de fútbol estadounidense. Pero la propia liga está cambiando en los últimos años: en 2016 Colin Kaepernick se quejó en el campo de la discriminación contra los afroamericanos, negándose a ponerse en pie durante el himno; en 2017 buena parte de la NFL se alzó contra Trump en protesta por la violencia por parte de la policía y contra la comunidad afroamericana (Kelce incluido).

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Travis Kelce, jugador de los Kansas City Chiefs, en un partido contra los Denver Broncos en octubre de 2023.Michael Owens (Getty Images)

A Trump y a los suyos no les gustan ni Swift ni Kelce, y el poder mediático de la pareja y de la NFL se ha vuelto estratosférico gracias a la llegada de ella —con millones y millones de seguidores por todo el mundo— a la liga de fútbol: han crecido desde las audiencias hasta las ventas de camisetas. Una mujer joven, rica y de tendencias demócratas colocando a un jugador y a una liga eminentemente masculina y conservadora en otra esfera de atención es algo que ha hecho que a muchos republicanos del ala más conservadora les explote la cabeza.

El domingo, cuando Swift apareció en el campo para ver a Kelce, desde Fox empezaron a criticar las emisiones de CO₂ de su avión. Pero pronto fueron a más. Voceros del anterior ocupante de la Casa Blanca se han atrevido a decir que la Super Bowl está “amañada” para convertirse en el epicentro de la “propaganda demócrata”. “Ya veo algo como: ganan los Kansas City Chiefs, van a la Super Bowl, Swift aparece en el medio tiempo y ‘apoya’ a Joe Biden con Kelce en el centro del campo”, argumentaba el presentador Mike Crispi el domingo, cuando tuvieron lugar los dos partidos de clasificación que colocaron a los Kansas City Chiefs y a los San Francisco 49ers en la final.

Los argumentos de la pataleta republicana se desmontan solos. La final entre los dos equipos de Misuri y California era esperada. Aunque había dudas de si los Chiefs llegarían, al enfrentarse en la semifinal con los fuertes Ravens de Baltimore, su triunfo tampoco es inesperado. De hecho, esta final de 2024 es exactamente la misma que ya se jugó en el Hard Rock Stadium de Miami (Florida) hace cuatro años, el 2 de febrero de 2020, y que además ganaron los Chiefs de Kelce por 31-20. También es lógico que Swift esté aunque no, no cantará en el intermedio (lo hará Usher); ella lleva años renunciando a hacerlo y este año, inmersa en una enorme gira, no tenía sentido. Como tampoco lo tiene que sea ahí donde exprese su apoyo a Biden. Quizá lo haga, como ya hizo en 2020, pero cuando ella misma decida. Aunque sea con unas cuantas galletas.

La popularidad y la fortuna de Swift no parecen tener techo: gracias a su gira The Eras Tour ha logrado convertirse en milmillonaria, ha sido elegida por Time como persona del año (la primera del mundo del entretenimiento que lo logra en solitario) y su base de fans es inmensa e intergeneracional, gracias a su country inicial, su pop de juventud y, ahora, sus temas más folk y evolucionados. Durante un año y medio va a dar más de 150 conciertos en unas 40 ciudades de todo el mundo en los que repasa sus 17 años de carrera. Y además, hace tiempo que se ha convertido en el blanco perfecto para los republicanos.

Hace ya un lustro que la artista, que en sus inicios trató de mostrarse apartada de la política, apoya públicamente las políticas más sociales; por ejemplo, es una gran defensora de los derechos de la comunidad LGTBI. Por tanto, se ha mostrado contraria a Trump en más de una ocasión. En 2016, a causa de ciertos problemas personales y profesionales, permaneció callada, como ella misma contó en una entrevista con Vogue, pero poco después empezó a hablar públicamente: en 2018 apoyó a dos políticos demócratas en Tennessee (donde se mudó en su adolescencia en busca de una carrera musical y donde tiene dos casas), y en sus redes sociales escribió que no podía votar a nadie que “no luche por la dignidad de todos los estadounidenses, independientemente de su color de piel, género o de a quién amen”.

Entonces Trump comentó que su música le gustaba “un 25% menos”. Ya de cara a las siguientes elecciones, animó a registrarse para el voto e incluso a hacerlo por Joe Biden. En una entrevista con The Guardian en agosto de 2019 hablaba sobre el derecho al aborto (”Obviamente, estoy a favor de poder elegir”) y contra Trump: “Somos una democracia, o al menos eso se supone, donde tienes derecho a estar en contra, a disentir, a debatir. Realmente creo que él piensa que es una autocracia”. El pasado septiembre, Swift hizo un llamamiento a sus fans para que se registraran para votar y ese día dichos registros aumentaron en 35.000 personas, la jornada más fuerte en cuatro años.

Taylor Swift celebra junto a Travis Kelce el pase de los Kansas City Chiefs a la final de la liga de fútbol estadounidense, la Super Bowl, el pasado 28 de enero en Baltimore, Maryland.
Taylor Swift celebra junto a Travis Kelce el pase de los Kansas City Chiefs a la final de la liga de fútbol estadounidense, la Super Bowl, el pasado 28 de enero en Baltimore, Maryland.

Bien es cierto que la Administración de Biden se vería muy favorecida de poder contar con el respaldo de la cantante y de su enorme base de acólitos (casi 100 millones en X y 280 en Instagram). Un artículo del diario The New York Times afirmaba el lunes que un gesto por parte de “la sensación del pop, que mueve a millones de seguidores” sería importantísimo para la campaña del presidente. La secretaria de prensa de la Casa Blanca, Karine Jean-Pierre, fue preguntada el lunes sobre si el presidente acudiría a un concierto de la artista, pero evitó contestar: “No voy a entrar en la agenda del presidente en lo que se refiere a las elecciones de 2024”. Desde el lado de Trump, nadie ha abierto la boca, pero un artículo de Rolling Stone afirma que el expresidente da por hecho que la cantante apoyará al demócrata y que, lejos de enfadarse, ha tenido un ataque de ego asegurando que él es “más popular” que Swift y que sus seguidores son más fieles.

El gobernador de California, el demócrata Gavin Newsom, cercano a Biden, llegó a decir en septiembre: “Taylor Swift se mantiene firme y única. Lo que ha sido capaz de conseguir, que los jóvenes se activaran para ver que tienen su propia voz, y que deberían tener una opción en las próximas elecciones, es profundamente poderoso”. Pero ese apoyo es muy distinto a la búsqueda de atención mediática por parte de los republicanos, que además saben bien que colocar a la de Pensilvania en cualquier conversación vende, y mucho. Aunque la jugada, como los millones de fans de Swift son capaces de demostrarles si les sienta mal los ataques a su ídolo, puede salirles completamente del revés.

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