Dos inmigrantes retenidos en los Barracones Napier, una antigua instalación militar británica en la localidad de Folkestone, Reino Unido, el pasado 1 de enero.DPA vía Europa Press (DPA vía Europa Press)

Rishi Sunak elevó la apuesta del Brexit —aquel Take Back Control, “Recuperemos el control”. De las fronteras, se presuponía— y prometió reducir drásticamente la cifra de inmigrantes llegados al Reino Unido. Cada dato, desde entonces, es una bofetada a sus expectativas y enciende aún más la rebelión del ala dura y xenófoba del Partido Conservador. La revisión al alza de las cifras de 2022 llevada a cabo por la Oficina Nacional de Estadística (ONS, en sus siglas en inglés) sitúa en casi tres cuartos de millón (745.000) el número de personas que llegaron ese año a territorio británico. Prácticamente, ninguna procedía de la Unión Europea. Los cálculos provisionales publicados el pasado mayo ya estimaban en 606.000 los nuevos habitantes, una cantidad que en su momento desató las alarmas.

“La cifra récord de inmigrantes conocida hoy [jueves] muestra cómo hemos permitido la entrada de un millón extra de personas en apenas dos años, un número equivalente al de la población de Birmingham. Todo esto supone mayor presión en la vivienda, los servicios sanitarios, los colegios, los salarios y la cohesión social. Resulta insostenible. ¿Cuándo llegará el momento de decir ‘ya basta’?”, ha escrito en X (antes Twitter) la exministra del Interior, Suella Braverman. Expulsada la semana pasada del Gobierno por Sunak, Braverman encabeza ahora la rebelión del ala dura de los conservadores y no desaprovecha la ocasión de acusar a su antiguo jefe de debilidad y falta de consistencia en el combate contra la inmigración irregular. Sin recordar que la responsabilidad de las cifras y del supuesto descontrol le corresponde a ella en gran parte, como titular del departamento del Gobierno responsable del control de las fronteras.

La exministra ha reclamado un límite anual del número de visados concedidos por el Gobierno británico, así como un aumento significativo del salario exigido para contratar a trabajadores extranjeros. Hoy es de casi 30.000 euros anuales. Braverman sugiere que se eleve a casi 52.000.

Gran parte de los recién llegados han respondido a la necesidad del Servicio Nacional de Salud (NHS, en sus siglas en inglés) de cubrir plazas vacantes de médicos y enfermeros, así como de realizar tareas de atención y cuidados a personas mayores o discapacitadas. La mayoría de los contratados —cerca de dos terceras partes— procedía de la India, Nigeria o Zimbabue.

Para los diputados conservadores pertenecientes a la pequeña pero influyente corriente interna denominada New Conservatives, que representan el pensamiento más reaccionario del partido, los datos son motivo suficiente para reclamar al Gobierno un plan de urgencia. “En los últimos días se ha usado la palabra existencial para referirse a este asunto, porque en verdad se trata de una cuestión de vida o muerte para nuestro partido”, han dicho en un comunicado público. “Cada uno de nosotros realizó la misma promesa a nuestros votantes [el compromiso de reducción de la cifra neta de inmigrantes formaba parte del programa electoral de 2019], y creemos que promesas de ese tipo no pueden ser ignoradas”, han añadido.

Un portavoz del primer ministro, Rishi Sunak, no ha descartado la posibilidad de endurecer la tramitación de visados, como pide el ala dura de los tories. “Necesitamos dar con el equilibrio adecuado que asegure que las personas reciban las prestaciones que merecen, a la vez que el sistema sea el correcto para dar prioridad a aquellos que beneficial al Reino Unido”, ha instado.

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La oposición laborista, que camina siempre sobre la cuerda floja en un asunto como la inmigración, que también inquieta a sus propios votantes, se ha limitado a señalar lo “escandalosamente altas” que son las cifras publicadas. Pero también ha culpado al Gobierno de Sunak de haber fracasado en su empeño de mejorar la formación profesional de los británicos para no tener que recurrir a la mano de obra extranjera. Además de haber sido incapaz de frenar el número de inmigrantes irregulares: “Dentro del número que hemos conocido hay una cifra cada vez mayor de solicitantes de asilo, y las facturas de los hoteles que los cobijan son cada vez más y más elevadas”, ha denunciado el líder laborista, Keir Starmer.

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