En 2010, durante la firma de la Ley de Atención Médica Asequible (ACA, por sus siglas en inglés), también conocida como Obamacare, Joe Biden, vicepresidente de Estados Unidos en aquel momento, fue pillado por un micro abierto diciendo al presidente Barack Obama que la ley era “una gran cosa”. Vale, en realidad dijo otra palabra en medio. En cualquier caso, Biden tenía razón. Uno de sus mayores logros no reconocidos —es increíble cuántos estadounidenses creen que es un presidente inusualmente productivo que no ha hecho gran cosa— es que Biden ha convertido el Obamacare en una cosa aún más grande, de tal manera que está mejorando la vida de millones de estadounidenses.

Como se habrán dado cuenta, Biden ha estado acumulando algunas buenas cifras últimamente. El crecimiento económico sigue a buen ritmo, desafiando las predicciones generalizadas de recesión, mientras que el desempleo sigue manteniéndose cerca de su nivel más bajo en 50 años. La inflación, especialmente si se utiliza el indicador preferido de la Reserva Federal, ha descendido hasta acercarse al objetivo del banco central. Y el mercado de valores sigue registrando nuevos máximos.

Ah, los asesinatos han caído en picado, y es posible que los crímenes violentos en general alcancen su nivel más bajo en 50 años.

Biden merece alguna recompensa política por estas buenas noticias, teniendo en cuenta que Donald Trump y muchos en su partido predijeron un desastre económico y social si era elegido, y que los republicanos, en general, siguen hablando como si en Estados Unidos hubiera una inflación alta y una delincuencia descontrolada. (Trump, por supuesto, ha estado tachando de falsas las buenas cifras de empleo. Esperen a que se entere del descenso de la delincuencia).

Lo que no está tan claro es cuántas de las buenas noticias en estos frentes pueden atribuirse a las políticas de Biden. Definitivamente, los presidentes no controlan el mercado de valores. En general, tienen menos influencia en la economía de lo que muchos creen; yo le reconocería a Biden cierto mérito por la fortaleza de la economía, que en parte ha sido impulsada por sus políticas de gasto, pero la rápida desinflación de 2023 es reflejo principalmente de un país que intenta salir a base de trabajo de las perturbaciones persistentes que causó la pandemia de covid. Lo mismo puede decirse del descenso de los crímenes violentos.

Sin embargo, hay un ámbito en el que los presidentes sí ejercen una gran influencia: la sanidad. El Obamacare dio lugar a grandes mejoras en la cobertura del seguro de salud cuando entró plenamente en vigor en 2014.Trump intentó derogar el Obamacare en 2017, pero no lo consiguió, y la reacción a ese intento ayudó a los demócratas a hacerse con el control de la Cámara de Representantes al año siguiente. No obstante, Trump sí pudo erosionar en parte el programa, por ejemplo, recortando los fondos para los “navegadores” que ayudan a la gente a inscribirse.

Esa erosión se ha corregido ya definitivamente. El Gobierno de Biden acaba de anunciar que 21 millones de personas se han inscrito para obtener cobertura a través de los mercados de seguros médicos de la ACA, frente a los cerca de 12 millones que había en vísperas de la pandemia. Estados Unidos aún no tiene la cobertura universal que es habitual en otros países ricos, pero algunos estados, como Massachusetts y Nueva York, se han acercado.

Y este avance, a diferencia de otras cosas buenas que están ocurriendo, se debe en su totalidad a Biden, que restauró la ayuda a las personas que aspiraban a tener cobertura sanitaria y mejoró un aspecto clave del sistema. El sistema del Obamacare no es sencillo. Muchos de los economistas sanitarios que conozco habrían preferido algo como Medicare para Todos, si hubiera sido políticamente factible. Pero no lo era y sigue sin serlo, así que lo que tenemos en su lugar es una especie de máquina de Rube Goldberg, una mezcla de artilugios diseñados para ampliar el acceso a la asistencia sanitaria alterando mínimamente los acuerdos existentes. Esos mercados, en los que las aseguradoras tienen prohibido discriminar a las personas con enfermedades preexistentes y los compradores reciben ayudas para ayudarles a pagar las primas, son una parte clave del sistema.

No es un mecanismo ideal, pero es mucho mejor que nada. Al principio, sin embargo, los mercados estaban infradotados de recursos: las ayudas eran demasiado bajas, por lo que mucha gente seguía teniendo problemas para pagar las primas del seguro, y también había un límite, ya que solo podían disponer de las ayudas las personas que estuvieran por debajo del 400% del umbral de pobreza.

Biden, como parte de la Ley de Reducción de la Inflación de 2022, resolvió en gran medida estos problemas, reduciendo los pagos máximos de las primas (deducidas las subvenciones) y eliminando el tope del 400%. La consecuencia es que la cobertura del seguro médico es considerablemente más asequible, sobre todo para los estadounidenses de rentas medias que antes ganaban demasiado para poder optar a las ayudas. De ahí el aumento de inscripciones en el mercado.

No sé si la sanidad será un tema importante en las elecciones de 2024. Pero debería serlo.

Biden ha hecho que la cobertura sanitaria sea más accesible y asequible para millones de estadounidenses.

Sin embargo, si Trump gana, volverá a intentar acabar con el Obamacare; ya lo ha dicho, y es muy posible que esta vez tenga éxito. Promete sustituirlo por algo “mucho mejor”. Supongo que esto depende de su definición de mejor: en 2017, la Oficina Presupuestaria del Congreso calculaba que el plan de salud de Trump aumentaría el número de no asegurados en 32 millones en una década; esa cifra probablemente sería más alta hoy.

Así que, un recordatorio más de lo mucho que está en juego este año.

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