El calor no los detuvo.

Decenas de miles de personas marcharon entre Tel Aviv y el Knesset (el parlamento reprimido) para protestar contra la controvertida reforma judicial llevada a cabo por el gobierno de Binyamin Netanyahu.

Una reforma que, para quien considera que el Supremo Tribunal Ejecutivo está demasiado politizado, debe permitir reequilibrar los poderes. Quienes se oponen a esta medida dicen que pone en peligro la democracia israelí.

El domingo 23 de julio, la Knesset debatirá una medida destinada a cancelar la posibilidad de que los tribunales israelíes se pronuncien sobre la «sensatez» decisiones gubernamentales. Si se aprueba, será el primer componente importante de la reforma judicial propuesta en convertirse en ley.

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