Tanques de almacenamiento de Aramco, en Yeda (Arabia Saudí).Amr Nabil (AP)

En una nota breve, de dos escuetos párrafos, la mayor petrolera del mundo ha llenado este martes el mercado petrolero de especulaciones. “Aramco anuncia que ha recibido la orden del Ministerior de Energía [saudí] de mantener su capacidad máxima [de producción] en 12 millones de barriles diarios y no continuar incrementándola hasta los 13 millones de barriles” en 2027, se lee en el comunicado de la firma estatal, que emplaza a marzo para conocer más detalles.

Ese millón de barriles extra que anunció en marzo de 2020 —en los albores de la pandemia— y que dejará de poner en el mercado a tres años vista equivale a casi el 1% de la oferta mundial, que se dice pronto. Sin embargo, el precio del crudo brent —el de referencia en Europa— apenas reacciona este martes y cotiza prácticamente en tablas, con las acciones de las principales petroleras occidentales al alza.

La decisión de Arabia Saudí —el primer exportador de crudo a escala global y responsable de alrededor del 10% de la oferta mundial— es, en primer lugar, una sorpresa. Aunque lleva meses recortando su oferta para tratar de sostener el precio del crudo —una variable clave para la estabilidad de sus hoy maltrechas finanzas públicas y para financiar el millonario plan de inversiones con el que quiere navegar en la era pospetrolera—, muy pocos analistas contemplaban una reversión completa de la estrategia de bombeos que regía hasta hoy.

En segundo lugar, el anuncio supone la constatación de lo que la Agencia Internacional de la Energía (AIE) lleva meses subrayando y que el cartel de la OPEP —eternamente liderado por Riad— se niega a admitir: que el mercado petrolero da crecientes señales de inundación por una mezcla de menor demanda y oferta pujante. A mediados de enero, en su última toma de temperatura, el brazo energético de la OCDE proyectaba un alza de los bombeos en Estados Unidos, Brasil, Guyana y Canadá que superarán “por amplio margen” el aumento de una demanda contenida por el menor crecimiento económico en grandes consumidores como China y por la irrupción del coche eléctrico.

El movimiento saudí, sostienen los analistas del banco estadounidense Morgan Stanley en una nota para clientes, deja entrever que “la expectativa de demanda del Gobierno [saudí] no crecerá tanto como preveía”. Una decisión que podría llevar aparejada una caída en la inversión de Aramco en exploración y producción en los próximos años, que dará a conocer en la cita de marzo con los inversores. “Puede ser un intento de preservar dinero. Pero lo que realmente implica es que [Riad] ve que no hay espacio en el mercado global para ese crudo extra”, aquilata Bjarne Schieldrop, jefe de análisis de materias primas del Skandinaviska Enskilda Banken, en declaraciones a Reuters.

“La decisión de subir de 12 a 13 millones de barriles diarios se tomó en un momento de guerra de precios con Rusia, en el que Arabia Saudí tenía que mostrar músculo. El momento era muy distinto del actual”, contextualiza Jorge León, vicepresidente sénior de la consultora energética Rystad Energy tras muchos años como analista de la OPEP. Hoy, dice en conversación con este diario, “Arabia Saudí tiene tres millones de capacidad ociosa, y a corto y medio plazo no va a necesitar mucho más. Nadie cree que en 2027 haga falta esa producción adicional, pero en adelante deja la puerta abierta a ampliar sus bombeos”.

La lectura que hace León es de “pausa, quizá temporal, con Aramco dispuesta a aumentar cuando las autoridades saudíes lo requieran”. Por eso, y porque son planes a largo plazo, el mercado “no ha reaccionado como cabría esperar”. A futuro, sin embargo, el especialista de Rystad cree que se puede producir la situación inversa: “En el momento en el que la demanda caiga con fuerza, en gran medida por el coche eléctrico, tanto Arabia Saudí como el resto de grandes productores de Oriente Próximo van a aumentar su producción para tratar de monetizar al máximo sus últimos barriles”.

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